#10 Crónicas de la misión Hontanas
Desde el último grupo que ha estado en misión en Hontanas (Camino de Santiago - Burgos- España) os ofrecemos esta vez, un relato de ficción. Todas las tardes en la oración que presentamos a los peregrinos partimos del texto bíblico de la mujer samaritana (Jn 4, 5-42). Una hermana ha recreado esta historia de encuentro y os la comparte.
UNA MUJER SAMARITANA
Estaba en Hontanas, pueblecito de paso del Camino de Santiago en Burgos, y fui a buscar agua a la fuente del pueblo para llenar el cubo para fregar. Estando en esta tarea, se me acercó un hombre de mediana edad, mirada atractiva y sonrisa tierna, llevaba una barba recortada y tenía los ojos color miel. Parecía extranjero, con toda la pinta de ser un peregrino. Con mucha amabilidad y en un español de acento inglés me dijo:
- ¿Me podrías dar un poco de agua?, acabo de llegar al pueblo y estoy sediento, no había ni una sola fuente en todo el camino, ha sido una etapa muy calurosa, parecía interminable…
– Sí claro, le dije. Voy a buscar un vaso, ahí mismo está mi casa.
Traje dos vasos, para poder acompañarle, e iniciamos una interesante conversación. Bebió varios sorbos de agua y me dijo que tenía la intención de llegar a Santiago, pero que no tenía prisa, trataba de disfrutar con lo que encontraba en el camino, caminaba con varios amigos que había conocido haciendo el Camino.
La paz que transmitía traspasaba el alma. Yo no quería irme y creo que él lo notó. Me invitó a tomar algo en el bar que estaba allí mismo, junto a la fuente. La verdad es que me dio un poco de corte, porque estaba en mi pueblo, y se suponía que yo era la anfitriona que recibía a los peregrinos cansados y sedientos.
Se interesó por mí, me preguntó qué hacía en ese pueblo y por qué estaba de voluntaria en el Camino. Le expliqué que era dominica y que con otras hermanas y amigos, veníamos todos los años a hacer un servicio de acogida para los peregrinos. No sé por qué, comencé a hablarle de las dificultades de mi vida, lo difícil que era la vida comunitaria, la carga de trabajo, la impotencia ante la fragilidad económica y psicológica que vivían mis alumnos, el abuso que sufrían tantas personas que conocía y para colmo, ahora tantas guerras abiertas…con un panorama político internacional desolador… Terminé hablando de mi inconstancia y dificultades para buscar y encontrar a Dios. Cuando quise mirar el reloj, habían pasado más de dos horas.
-Bueno, le dije: ahora cuéntame tú, que yo ya he hablado bastante.
Jesús, que así se llamaba el peregrino, me contó lo transformadora que estaba siendo la experiencia del Camino. - Dios camina en cada uno de mis pasos, me dijo: mi vida es otra.
Me gustaría transmitírtelo, pero no sé cómo, es algo muy especial, amor desbordante, paz y alegría inmensa. Toda el agua de Hontanas junta.
A mí me entró la risa, y le respondí: ¡pero si ni siquiera tienes una cantimplora para beber!… sí, esta experiencia la cuentan muchos peregrinos,.. pero sinceramente,... luego vuelven a sus vidas de siempre….
Los dos hicimos un profundo y largo silencio.
Después afirmó con timidez: creo que no se trata de algo temporal, es otra cosa,... un manantial de vida plena.
Me quedé callada y un poco avergonzada…
¡Qué envidia me das!, le respondí, yo también busco lo mismo, pero no tengo esa experiencia tan fuerte.
No paraba de mirarme a los ojos… y hasta pensé que quería ligar conmigo. Al rato y sin pensarlo mucho le pregunté: - ¿Podría acompañarte durante el Camino? me gustaría poder vivir la experiencia, tengo mucha sed.
Dejé plantado a mi equipo y caminé con Jesús 31 etapas.
En el Camino pude degustar las aguas más claras y limpias, llenar mi alma de los cantos de los pájaros, curar heridas, perderme y volverme a encontrar, despedir a compañeros, contemplar la salida del sol y tocar los atardeceres rojos…
Aún, sigo caminando,... tengo mucha sed.
