#4 Crónica de la misión de Hontanas
Semana del 2 al 8 de junio de 2025
El camino
Se comienza con un paso, puede que no sepamos el destino, pero aunque éste sea claro, lo que no vamos a controlar del todo es el recorrido, las paradas, el tiempo, las personas, los encuentros, las pérdidas, la lluvia, el sol, el cansancio…
El Camino, cada día una etapa diferente, distintos paisajes, cada uno nos puede llevar a otro lugar, a otro tiempo. Los colores, los aromas, los sonidos, la aventura nos acompañarán a cada paso.
Las diferentes rutas que nos llevan a un mismo destino. Las múltiples causas que nos impulsan, las consecuencias de hacerlo, las experiencias vividas, las esperadas y las que nos sorprenden. Nada es igual en la vida al terminar el recorrido.
Hoy me pregunto ¿Qué hago aquí? ¿Para qué he venido? ¿Dónde me llevará este camino?…
Muchas respuestas pueden surgir, al igual que múltiples silencios pueden ocupar ese vacío de no saber qué decir, qué pensar, qué sentir.
Algo claro queda tras las preguntas, sin estar, sin venir, sin llegar, sólo quedarán las dudas, los sinsabores, y una pregunta me acompañará, ¿por qué no lo hice?
Una cosa es segura, comenzaré dando el primer paso, me pondré en Camino, aunque no tenga del todo claro a dónde ir, ni cuánto tiempo tardaré, ni si aguantaré hasta el final, aunque me parezca que la soledad es mi única compañía, yo lo haré, daré el primer paso y descubriré ¿Qué hago aquí?, para estar dispuesta a seguir.
¡Buen camino!
Macu Becerra Domínguez
Dominicas Misioneras de la Sagrada Familia (DMSF)
Participé en el voluntariado de Hontanas, que ofrece acompañamiento a los peregrinos del Camino de Santiago, en la semana del 2 al 8 de junio de este año 2025, junto con Gotzone, Marthe, Alphonsine y Macu. Son ellas hermanas dominicas de distintas congregaciones y procedencia. La diversidad cultural, lingüística y geográfica estuvo representada tanto dentro como fuera de casa. Pasaron por el pueblo peregrinos de muchos rincones del mundo: Brasil, Corea, Estados Unidos, Francia, Italia, Hungría, Alemania, Bélgica, … además de España.
La convivencia en la casa parroquial fue divertida y entrañable: compartíamos oraciones, reflexiones, experiencias vitales y opiniones, mientras nos íbamos conociendo. Cada una se esforzaba por ofrecer lo mejor de sí misma, y las comidas y las cenas siempre eran veladas muy especiales por la calidad humana y culinaria. Todas demostramos ser tan excelentes cocineras como comensales. La casa y sus estancias son muy agradables, especialmente el jardincito de entrada perfumado de rosas.
El último día celebramos, tras la cena, una pequeña fiesta de despedida entre nosotras.
El entorno de Hontanas es precioso: un pequeño pueblo ornamentado de flores en el esplendor de la primavera, sobrevolado por las golondrinas que hacían sus nidos en las cornisas de las casas y rodeado de un campo multicolor cuajado de amapolas y otras flores del campo.
Tuvimos también ocasión de convivir con los habitantes del pueblo, que nos trataban como viejos conocidos y, de hecho, algunas de nosotras lo eran. La gente del pueblo está encantada del peregrinaje que lo transita y del servicio ofrecido por el voluntariado de acompañamiento a los peregrinos.
En esto último consistió nuestra misión: acogíamos a los peregrinos que llegaban cansados y con los pies rotos. Le ofrecíamos un masaje de pies y una charla agradable: alivio para el cuerpo y para el espíritu. A las 18.30 horas se celebraba la oración del peregrino en la casa parroquial, ya que la iglesia está en obras. Tras la cena de los peregrinos, bailábamos, con aquellos que se acercaban, una danza de bendición: a la tierra, a los que nos acompañan en el camino -el de Santiago, pero también el de la vida-; bendiciones, también, a los que nos antecedieron. Por último, nos autobendecíamos, porque todos somos hijos de Dios y merecedores de su bendición.
Celebramos misa en dos ocasiones: la de Pentecostés, el sábado anterior a la partida, y otro día en que un joven sacerdote norteamericano quiso oficiarla. Siempre en la improvisada capilla de la casa parroquial. La misa de Pentecostés estuvo muy concurrida por peregrinos y gente del pueblo: éramos más de treinta personas. Fuimos amenizados por el yembé de Alphonsine.
Tuvimos, también, actividades “fuera del programa”, como la visita a las Clarisas de Castrojeriz: charlamos con la Abadesa y con una novicia conocida de Alphonsine, que había llegado del Congo y que nos contó su costoso periplo hasta llegar al convento.
Especialmente recomendables son la iglesia de las Clarisas y los dulces que elaboran las hermanas.
Algunas hicimos también un poco de turismo: visitamos la basílica de Santa María del Manzano y la Iglesia de Santo Domingo de la calzada, en Castrojeriz.
Por último, estivimos el spá de Hontanas, también muy gratificante como experiencia relajante. La estancia en Hontanas me pareció un retiro maravilloso y toda una experiencia espiritual, tanto por el servicio altruista ofrecido al peregrino, como por el espacio/tiempo de oración y recogimiento en que se desenvuelve, todo ello en un entorno natural y humano privilegiado.
Ana C. Ripoll Macías