Peregrinar, la tarea de una vida (4/4)
¡El sábado 15 de febrero, las hermanas de la Congregación nos reunimos vía videoconferencia para celebrar el Año Jubilar!
Éramos más de 160 hermanas procedentes de unos diez países.
Cuarta y última intervención, de nuestra hermana Gotzone Mezo Aranzibia de la comunidad de Valladolid (España).
La peregrinación se nos presenta como una metáfora profunda y universal de la existencia humana, que trasciende culturas y épocas. Hontanas, un pequeño pueblo de Burgos enclavado en el Camino de Santiago, se convierte en un espléndido escenario donde esta experiencia cobra vida. El Camino francés, con siglos de historia, ha sido testigo del paso de innumerables peregrinos provenientes de todos los rincones del mundo, cada uno movido por razones únicas y a menudo inexpresables. Sin embargo, comparten un elemento común: un deseo de conectar con lo más profundo de ellos mismos y al mismo tiempo con algo más grande que ellos mismos, un cierto anhelo de transcendencia…
Son tantas las cosas que se pueden decir del Camino… recordaré sencillamente algunas, sirviéndome del relato de un caminante al que algunas de nosotras conocemos, el jesuíta Felix Revilla.
Peregrinar implica abandonar la rutina y las ataduras de la vida cotidiana. El peregrino se libera de las “cadenas” de unas tareas que le absorben habitualmente y encuentra una nueva forma de libertad en la simplicidad del día a día. Caminar se convierte en el objetivo central, y cada jornada se reduce a unas pocas tareas: avanzar hacia la meta diaria, hidratarse, alimentarse y encontrar un lugar donde descansar. Este retorno a lo básico permite al peregrino desprenderse de las distracciones y preocupaciones materiales, entrando en contacto con una forma de vida austera que, paradójicamente, se siente como profundamente enriquecedora.
Otra valiosa característica del Camino es la desjerarquización de las relaciones humanas. El peregrino deja atrás los roles y prejuicios que lo definen en su vida cotidiana. En el Camino, todos son iguales: un empresario, una estudiante, un cura o una profesora comparten el mismo sendero, las mismas preocupaciones y los mismos dolores físicos. Este ambiente de igualdad y camaradería fomenta relaciones humanas libres, sinceras y desprovistas de las barreras sociales habituales. La posibilidad de ser simplemente una persona más, sin etiquetas, es un regalo que rara vez se encuentra en la vida moderna.
El desprendimiento material también juega un papel fundamental en la experiencia del peregrino. En una mochila, a ser posible ligera, el caminante lleva lo esencial para sobrevivir. Esta austeridad, elegida de manera consciente, subraya la conexión entre el Camino y una forma de vida más sostenible y respetuosa con el planeta.
Además, el Camino no solo desafía los límites físicos del peregrino, sino que lo enfrenta a una profunda introspección. Las largas jornadas de caminata ofrecen un tiempo inestimable para reflexionar, para enfrentar los propios miedos, dudas y deseos. El dolor físico, el cansancio y las adversidades se convierten en oportunidades para descubrir la capacidad de superación personal, ese potencial escondido que muchas veces queda dormido en la comodidad de la rutina.
El Camino, así mismo, es una experiencia de inmersión en la naturaleza, una reconexión con la creación que resulta cada vez más rara en un mundo urbanizado. Los paisajes cambiantes, las vistas panorámicas y la presencia constante del entorno natural ofrecen un marco ideal para la contemplación y el asombro. Es un recordatorio de la belleza y la grandeza del mundo, que muchas veces pasamos por alto en nuestra vida diaria.
Finalmente, el Camino es también un viaje hacia lo trascendente. En la sencillez de la experiencia y el desprendimiento de lo superfluo, se abre un espacio para el encuentro con Dios o con aquello que cada peregrino considere sagrado. Es un momento para elevar la mirada, agradecer y encontrar sentido en el viaje exterior e interior.
Una experiencia tan especial como la de un Camino con estas características había sido realizada ya por algunas de nuestras hermanas. Y en el contexto de la reflexión sobre la misión del capítulo provincial de 2014 nos planteamos las posibilidades de realizar juntas una nueva misión en el verano. Una hermana sugirió la idea de hacernos presentes en algún lugar del Camino de Santiago, con el objetivo de ofrecer -al final de una etapa del camino- alguna actividad que supusiera una acogida, un apoyo, una ayuda… para los peregrinos que lo desearan. Necesitábamos una Iglesia abierta (muchas no lo están en el camino), y un lugar en donde instalarnos.
El trabajo de algunas hermanas propició que el verano siguiente tuviéramos ya el lugar adecuado para nuestra misión: Hontanas, el pueblecito del que os he hablado al principio. Comenzamos cuatro hermanas sin saber lo que realmente podríamos hacer y la misión fue tomando forma en poco tiempo. No se necesitan grandes conocimientos ni grandes recursos.
Nuestra oferta:
▪ la posibilidad de una oración guiada que pueda “salir al encuentro de su situación”;
▪ la realización de masajes en los pies, para aliviarlos del duro trabajo del camino;
▪ Una infusión de bebida refrescante;
▪ La posibilidad de un diálogo espontáneo personal o grupal;
▪ La realización de una danza contemplativa de bendición para cerrar la jornada.
Cada uno de estos gestos, por pequeño que parezca, puede adquirir un significado inmenso para quienes lo reciben.
La experiencia con los peregrinos fue un descubrimiento que nos llenó de asombro y alegría. Misteriosamente, lo que el camino significa para ellos acaba siendo también, en gran parte, una experiencia similar para nosotras:
▫ sortir de notre vie ordinaire pour vivre en marge de tout ce qui constitue notre quotidien;
▫ se retrouver à vivre avec des sœurs et des laïcs avec lesquels nous ne vivons pas et que parfois nous ne connaissons pas;
▫ partager la vie, les tâches, la prière et surtout la présence avec les pèlerins.
Esto último implica entrar en contacto con personas totalmente desconocidas, que están en un momento “especial” de sus vidas por estar en el Camino. Personas que de un modo u otro comparten lo que están viviendo (a veces con una profundidad mayor de lo que nunca lo han hecho porque se están dando el tiempo de encontrarse consigo mismas) y necesitan que alguien les escuche, y también a veces poder dialogar sobre su situación, sus descubrimientos, sus penas o sus alegrías, sus deseos y proyectos… Personas con las que estamos una tarde, establecemos una conexión y que -con toda probabilidad- nunca más volveremos a ver.
Una misión que no tiene “frutos”, ni constituye un proceso, ni hay ningún seguimiento, sólo un encuentro puntual, a veces muy intenso por la comunicación que se genera, pero que termina ahí.
Sin embargo, hay experiencias que marcan: contemplar a una persona que no puede dejar de sollozar, que precisa poder hablar a una máquina para que traduzca del coreano al español, y que te muestra sonriendo entre las lágrimas un mensaje que dice: “Muchas gracias, muchas gracias, siento que es Jesús el que cuida y acaricia mis pies”, es algo que supera lo que una puede esperar. Y se vive un momento de fuerte presencia del Espíritu, que supera todas nuestras limitaciones y barreras de idioma y cultura, nos permite sabernos y sentirnos hermanos, caminantes en busca de sentido, responsables de cuidarnos mutuamente y de cuidar nuestro mundo.
Hna. Gotzone Mezo Aranzibia
Valladolid, España.
日本語で - jp4_hontanas_gotzone.pdf (304.5 kio)
21 de marzo de 2025
Em português - port4_peregrino_hontanas_gotzone.pdf (413.1 kio)
21 de marzo de 2025
