Reflexión del Evangelio de hoy, 1 de mayo

Lecturas
– Hechos de los apóstoles 5, 27-33
– Salmo 33, 2 y 9. 17-18. 19-20
– evangelio según san Juan 3, 31-36

Dios ha resucitado a Jesús… para ofrecer a Israel el arrepentimiento y el perdón de los pecados.

Leemos en este tiempo de Pascua el libro de los Hechos de los Apóstoles, que nos ofrece el testimonio que más nos aproxima a la resurrección de Jesús, desde la experiencia de sus discípulos. Estos días escuchamos en la liturgia los primeros capítulos del libro, y comprobamos de “primera mano” que la vida de los discípulos de Jesús ha dado un vuelco absolutamente inimaginable, espectacular, sorprendente… Todos aquellos que cuando Jesús fue apresado huyeron en desbandada, y que después de su muerte estaban escondidos por miedo a los judíos, los encontramos ahora dirigiéndose al pueblo sin ningún miedo, para anunciar, a tiempo y a destiempo, la noticia más increíble que se pueda imaginar: Jesús está vivo, ¡ha resucitado!.

Es importante recordar que no estamos hablando de una resurrección como las que Jesús realiza en los evangelios. Aquellos que fueron devueltos a la vida morirían cuando llegara su momento. La experiencia de los discípulos, imposible de poder expresar con exactitud, nos está diciendo que Jesús -de una manera misteriosa que no somos capaces de explicar- está vivo para siempre y presente entre nosotros y en nosotros.

Esta realidad que ellos viven les transforma de tal manera que están dispuestos a enfrentar todo tipo de dificultades, incluidas la persecución y la muerte, para anunciar a Jesús resucitado.

Y hoy les encontramos, después de haber sido liberados de la cárcel, de nuevo ante el Consejo de los judíos, que vuelven a prohibirles hablar de Jesús, a quien no quieren ni nombrar (“ese nombre” “ese hombre”). Y Pedro, con los apóstoles, insiste:

- No podemos obedeceros a vosotros, tenemos que obedecer a Dios
– El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús
– Para ofrecer… el arrepentimiento y el perdón de los pecados
– Nosotros somos testigos, con el Espíritu que Dios concede a los que creen en él
Maravillan la claridad, la fuerza, la certeza y la osadía de ese pequeño discurso de Pedro ante las autoridades de su pueblo, que tienen poder para condenarle… El encuentro con el Señor Jesús resucitado, y su Espíritu que se les ha entregado, ha cambiado su vida para siempre. Y ha hecho posible el anuncio por el que nosotros hemos podido encontrarnos, también, con Jesús, fuente de sentido y alegría de nuestra vida.

El que cree en el Hijo posee la vida eterna

Sr Gotzone MEZO ARANZIBIA